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Buenos samaritanos

Hola amigos,

Aquí seguimos en este fin de semana largo, tras un viernes de revisión donde no pudimos evitar la transfusión, aunque el resto de variables parecen seguir en orden y avanzando según los doctores.

Un fin de semana en el que he podido finalmente abrazar a mi sobrina Paula, y a mi hermano Miguel que han venido del norte junto a mi cuñada Patricia, y donde mi familia ha decidido celebrar mi santo con una fiesta sorpresa “Ramos”. Realmente una inyección de ilusión en este lento y continuo proceso que supone la recuperación. Lo agradezco de corazón y estoy muy muy feliz.

Muchos de vosotros habréis oído hablar de la parábola del Buen Samaritano. Os dejo el texto a continuación, es corta y sencillita.

«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verlo tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.” ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?»

El doctor dijo: «El que practicó la misericordia con él.»

Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»

Mi vida hasta ahora ha estado cargada de acontecimientos felices. Muchos. Y gracias a Dios tuve pocas situaciones graves. Hemos sido, somos de hecho, muy afortunados. Sin embargo, en esas pocas situaciones de gravedad, siempre hubo un Buen Samaritano que se acercó para curar las heridas y levantarme del suelo. En los momentos donde estás hundido en el barro. Donde lo cómodo para los demás es apartarse para no ensuciarse, o mirar para otro lado. Momentos en los que desaparecen muchos “supuestos amigos”…

En el año 2003, Nokia cierra su centro de I+D e, inicialmente, las actividades de la nueva empresa que se está creando no cubren a toda la plantilla. Estoy en paro. Como bien dijo una compañera, traduciendo el término inglés que utilizaron al anunciar la noticia, “redundant” = “en la puta calle”. El PTA era entonces un cementerio de empresas que habían tenido que recortar ampliamente por la crisis de las “puntocom”. Me busco la vida y hago un curso para la certificación de instalaciones de telecomunicaciones en construcciones. Me ofrezco a algunas empresas que únicamente me contratan si puedo autopagarme mi salario con la cartera de clientes que traiga yo mismo… Obviamente no tenía todavía clientes… En esa ruina personal y moral aparece Camilo. Él es un gran profesional. Serio, directo. Me ofrece realizar el proyecto técnico para un edificio de cinco plantas en el centro de Málaga. No me pide más que un favor: profesionalidad en la entrega y cumplir los plazos. Trabajé duro y conseguí el objetivo. Camilo sé que fue feliz ayudándome, pero nunca quiso decírmelo. Me trató como un promotor a un ingeniero. Sabía que así era como yo podría aprender más. Quise hacerle un descuento por haberme confiado mi primer proyecto: no lo aceptó. Él hizo no sólo que la economía familiar resistiera esos días de incertidumbre, sino además me subió la autoestima. Me hizo entender que yo tenía valía por mí mismo. Que no era uno más en “la masa”. Y crecí personalmente gracias a su generosidad infinita en aquel duro momento, en el que me cuidó como un padre bueno. Como el buen samaritano.

Del otro buen samaritano que hablaré hoy sabéis su historia. Cuando llega la leucemia y empiezo el tratamiento doy con un compañero de habitación muy especial. Manuel. Y su mujer Rosa. Lo saben todo y más sobre esta enfermedad. Lo positivo y lo no tan positivo. Ven llegar por la puerta de la 609 a un pardillo recién diagnosticado… Y lo que sale de ellos es amor puro. Delicadeza extrema. Mensajes positivos. Aliento en mi camino. Rosa, torbellino de energía, fue y es mi hada madrina en este proceso. Nos lo ha enseñado todo, pero no como una enciclopedia. Sino con esa protección maternal, esos mimos que sólo una madre sabe proporcionar. A Manuel no le escuché nunca una queja. Y mira que con el tiempo comprobé yo mismo que los tratamientos duelen. Y marean. O dan asco. Él me enseñó de la importancia de la comida para el enfermo. De cómo mantener la mente serena, de la infinita paciencia de la espera a que la naturaleza y el cuerpo actúen. De cómo seguir amando a tu hija sin que ella note que estás triste o desanimado. Y nos mostró el inicio del camino a la curación. Me dio su mano y me sacó del bosque de espinos del diagnóstico inicial, y me puso en el sendero verde, el que lleva al puerto. Como el buen samaritano.

Manuel y Camilo, BUENAS personas con mayúscula, que han marcado mi vida, ya no están en este mundo. La gente usa la expresión “se han ido”. Mi fe me hace creer firmemente que siguen acompañándonos en nuestros corazones. Porque como yo, muchísimas personas los siguen queriendo y recordando a diario. Doy gracias a Dios por sus vidas, por la generosidad y la valentía, por haber tenido el privilegio de cruzármelos, y por haberse convertido en mis buenos samaritanos. El Señor acompañe a sus familias, mi oración permanente es de agradecimiento infinito. Y sé que ellos cada mañana se asoman a mi ventana y me lanzan lo que decían cuando nos veíamos estos últimos meses: “VAMOS GABI!!!”.

Nuestra elección es sencilla, queridos amigos. Podemos pasar por la vida como caminantes anónimos, o quizá a atrevernos a ser buenos samaritanos. Qué bonito es vivir arriesgando y manchado en el camino intentando esto último. Y qué reconfortante es sentirse rodeado de buenos samaritanos y samaritanas que agarran tu mano para sacarte del pozo y darte de beber.

Hoy más que nunca, yo confío. Un abrazo amigos. Por Manuel, por Camilo, por Iziar y por tantos otros que nos ayudan desde arriba… Y por los que estamos aquí. Por Paula mi sobrina. Por mis niños. Por mi mujer. Por mi familia. Por vosotros.  ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

  

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17 replies »

  1. Buenos Días Gabi! Que acostumbrados estamos a quedarnos siempre en el titular, en esa primera frase: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto… A partir de este momento, la maquinaria empieza a regodearse en esta noticia de mal y destrucción. Pero Dios nos muestra el camino, que va mucho más allá… Y tu ahora también. Que poco nos fijamos en esa legión de personas que hacen el bien, motivados por la fe o por una simple conciencia de humanidad. Gracias a Manuel y Rosa, gracias a Camilo y a todos esos samaritanos anónimos que pasan por la vida haciendo el bien. Un gran abrazo a sus familias. VAMOS GABI!

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  2. Buenas noches Gabi, tu entrada de hoy, salida directamente del corazón, nos ha impresionado.
    Qué hermoso es reconocer la ayuda que nos prestan, aunque en primer lugar, es aún más noble pedirla y luego agradecerla. Decía un antiguo amigo que somos los encuentros que hemos tenido. Estamos hechos de encuentros, de historias como dice Galeano, pero de historias que nos marcan por una u otra circunstancia que no depende de nosotros, sino, en definitiva, de la providencia.
    Hacer recuento del bien que recibimos reconforta siempre y si hacemos memoria son muchas las personas y los encuentros que nos han dejado un poso de bondad de valor incalculable.
    Yo (Pilar) recuerdo la cercanía de tantas personas amigas, y en muchos casos desconocidas, que me alentaron cuando estuve enferma. Me visitaban, me llamaban y daban ánimos, me mostraban su cariño y oraban por mi. Un día recibí una carta de una señora de la parroquia a la que no conocía personalmente pero, enterada de mi situación, me escribió una de las cartas más bonitas que me han escrito en mi vida. Una buena samaritana. Pasados los años la reencontré en el hospital donde acompañaba a los enfermos como voluntaria de la Asociación Española contra el Cáncer. Ahora era ella la enferma y yo la samaritana. Así es la vida, unas veces damos y otras recibimos y en esa noria que sube y baja descubres que dándote llenas de amor tu vida y recibiendo sientes que la gratitud brota espontánea como gesto de amor correspondido.
    Tú eres también el buen samaritano que nos recuerda cada día la importancia de lo que vale verdaderamente, los eternos valores tan descuidados hoy por esta sociedad en la que nos vemos envueltos pero que perduran en muchos, muchísimos, que son “salvavidas” en momentos de naufragio.
    Gracias por este blog que es un espacio de encuentro donde todos recibimos y damos. Buenas noches

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  3. Gracias por este nuevo comentario, siempre tan positivo.
    Es verdad que trasluces en ellos una mirada de fe que te hace contemplar la vida y sus acontecimientos desde los ojos de un Padre Bueno que nos mira y nos acompaña con ternura y misericordia. Un abrazo y vamosssss!

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  4. Querido primo, creo que es la primera vez desde que comenzó tu camino a la curación con este maravilloso blog que me he quedado sin palabras… Ya sabes que, en la vida, a veces hay momentos en los que esas palabras brotan por sí solas, incluso cuesta parar su afluencia; otras veces ocurre lo contrario y, cuando todo se ha dicho tan perfecto, cuando las situaciones son tan emocionantes y especiales (ya sea por bueno o por no tan bueno), sobran las palabras. Hoy a mi me ha ocurrido eso después de leer tu entrada porque creo que sobra cualquier otra cosa que yo fuera capaz de escribirte.
    Es tan perfecto lo que has dicho, tan verdad y tan intenso que no puedo saber qué decir que pueda estar a la altura de ti.

    Para Manuel, tu amigo y compañero que nos ve desde el cielo, faltan palabras de agradecimiento por haber sido contigo un buen samaritano. Un fuerte beso y una oración allá donde se encuentre.

    Para su esposa Rosa mil gracias por todo y mucha fuerza para continuar.

    Para cualquier otra persona que se haya portado tan bien contigo, que te haya tendido la mano y también la consideres como tú buen samaritano, más gracias, miles de gracias de parte de esta prima tuya que te quiere.

    Y, por último primo, para ti, para Reme y para los peques de nuevo mis oraciones, mi fuerza y mi admiración.
    Os quiero a tope!!!

    PD: quiero más fiestas ” Ramos” !!! Fue genial!!!!

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  5. Buenas tardes Gabi. Soy Ana, una de las hijas de Camilo. Quiero darte las gracias por las palabras tan bonitas que le has dedicado a mi padre. Grande don Camilo. Ya sabes el cariño que te tenía a ti y a toda tu familia. Un beso enorme

    Vamossssssssss Gabi. Él confiaba. Yo confío

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    • Ana… Las circunstancias hicieron que nos encontráramos primero con tus padres en las revisiones continuas y luego en la sexta planta en un momento difícil… Siento que Camilo está con nosotros y que me ha hecho un último encargo de “ingeniería”: luchar a tope para llegar a la curación. Y a Don Camilo nunca le pude decir que no. 😊😊😊

      Muchas gracias por vuestro apoyo siempre. Un besazo.

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  6. Hola, Gabi. Como siempre, preciosas tus palabras, y precioso acordarse de aquellas personas que en algún momento de nuestra vida nos han ayudado. No todo el mundo lo hace.

    Sólo quiero enviarte un abrazo hoy, que me he puesto al día en las últimas cuatro o cinco entradas de tu blog.

    ¡Vaya preciosidad con la que sales en la foto! Un beso muy fuerte para todos,

    ya sabes….¡¡YO CONFÍOOOOOOO!!

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    • Rosa… Por supuesto que está cada día. Doy gracias a Dios por haberos conocido. Muchos muchos besos no sólo de mi parte sino de todos mis amigos para los que Manuel se ha convertido en alguien súper importante también. Os queremos 😘😘😘

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