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Rebajas de Enero

Hola amigos,

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Son las 9 de la mañana del 7 de Enero. Reme me despierta con unos suaves toques en el pie. Abro los ojos, y la encuentro ya arreglada y lista para salir a la calle a disfrutar de lo que antiguamente llamábamos “día de rebajas” y que hoy por hoy, en una era predominantemente tecnológica y atemporal para eso de las compras, se trata más bien del día del “reajuste / refinamiento de los regalos de reyes”. Tras traerme el pan para el desayuno, ella se marcha a esos quehaceres y yo me voy aseando envuelto en el silencio de la casa, dado que los niños todavía duermen.

Me dirijo entonces a mi caja de las medicinas. Tomo las dos pastillas de quimioterapia que tengo que ingerir todos los días. Hoy, ignoro el motivo, se me hacen enormes. Algo que debería ser rutinario, que llevo ya semanas realizando, me hace detenerme. Será la resaca navideña, pensé. Compruebo también que me encuentro más débil, pues me cuesta permanecer ahí de pie delante de las pastillas. Una sensación de profundo hartazgo me invade. No es tristeza, no es cabreo… simplemente hoy estoy harto de todo esto. Sin preguntas, sin reproches… pura y simple hartura.

Me dejo caer al borde de la cama, donde me siento y cierro los ojos, dejando que mi mente de ingeniero me saque por ella misma de esa desagradable sensación. Quizá buscando alguna señal en lo vivido últimamente, que arranque de nuevo mi motor, hoy averiado. Me traslado entonces a la tarde del 5 de Enero, de camino a la cabalgata. Salgo de casa con mi madre, Elena y Marta. Reme se queda con Gabi, puesto que éste nos argumenta con sorprendente madurez que no le apetece tanta bulla hoy. Recibo una llamada de mis cuñados, que han reservado un estratégico sitio delante de la Fuente de las Tres Gracias. Olé por ellos, oportunos una vez más. Allí nos encontramos todos, incluido mi recién bautizado ahijado Antonio, que me dirige una cariñosa mirada dedicándome de propina una amplia sonrisa, a la que correspondo con unos arrumacos. Los niños pasan a la primera fila con sus primos y con mi madre vigilándolos.

La cabalgata es un momento de sensaciones a flor de piel. En la espera hasta su arranque, pienso en la alegría de poder estar un año más. Donde otros exigen carrozas de calidad, desfiles más ordenados, caramelos más ricos… o incluso se quejan de los empujones y cuentan resignados la cantidad de cabalgatas que les quedan por traer a los niños… uno simplemente se “conforma” con el privilegio de poder ser espectador.

Miro a mi alrededor y aprecio que enfrente hay un grupo de moteros preparados para abrir el desfile. Pienso para mis adentros ¿y qué pintan los moteros en la cabalgata? La ligera brisa hace ondear una de las banderolas que portan. Un lazo amarillo, y un lema: “Moteros contra el cáncer infantil”. Un escalofrío me recorre la espalda. Es la primera señal de que algo en esta cabalgata será diferente. Pienso en esos niños pasando lo que yo estoy pasando, es algo que nunca entenderé y una de las preguntas que tengo para mi querido Dios cuando llegue al cielo…

Un golpe por la espalda me hace girarme de repente. Es mi amigo Cesar, que conoceréis como mi cirineo en Medjugorje, o como el corredor fornido que me animó a buscar a Dios desde lo alto. Llegan a la zaga su esposa Rosa y otros miembros del coro, como Patricia y Lorena, con la tropa de niños que se unen a los nuestros cediéndoles un hueco en la tan demandada primera fila.

Arranca el desfile, y tras los moteros aparecen las patinadoras de Maristas. Uno de los regalos de 2018 fue la celebración del 25 aniversario de nuestra promoción, y donde compartimos el valor de la amistad conservada a lo largo del tiempo. También mis amigos de Maristas fueron responsables de aquel maravilloso día de la Carrera de El Corte Inglés… y justo en ese momento se acerca a saludarme por sorpresa Juan Alba con su niña en brazos. No pude más que emocionarme y empezar a preguntarme si este cúmulo de “señales casuales” se trataba de algún tipo de cámara oculta…

Continúa la marcha de las carrozas, y por fin llegan Reme y Gabito, tras haberse convencido este último que en la cabalgata no había niños tirando petardos y bombetas, sino sólo caramelos. Observo lo mayor que está ya, y pienso entonces en la pena de que por mi enfermedad no he podido prácticamente coger en brazos a mi querido niño pequeño, que se ha tenido que hacer grande en medio de toda esta adversidad…

Pasa ante nosotros la carroza de la Fundación Luis Olivares, que tanta ayuda presta a los niños y a las familias con cáncer. Y de repente, entre sus integrantes, aparece el precioso rostro de una niña ya casi adolescente, Natalia, viva imagen de mi querido Manuel, disfrazada de superhéroe levantándose sobre la adversidad. Miro al cielo y puedo adivinar cómo su padre sonríe orgulloso también contemplando el paso firme y vigoroso de su querida hija.

Los caramelos siguen cayendo, y hasta los adultos se agachan sin descanso tratando de recopilar el máximo número de piezas posible. La campeona en eso es nuestra querida Reme, que se transforma cada 5 de Enero en una de las más ilusionadas niñas que acuden al desfile, con una velocidad de captura inalcanzable para el resto. Para mí, en cambio, con mi 1,97, agacharme siempre fue un problema, más aún después de todas las dolencias acaecidas. Pero podéis creerme: soy de los que disfruta viendo disfrutar.

Cuando se van acercando las carrozas de los Reyes Magos, observo que alguien me tira del pernil del pantalón: es Tomás, el hijo pequeño de Lorena, que tras estar un rato descansando abajo en el suelo desea poder ver el desfile desde una posición privilegiada. Tomás y yo tenemos confianza porque nos conocemos desde que él nació, y juntos hemos vivido numerosas aventuras: misas, ensayos, paseos con su carrito… Con apenas dos años, lo aúpo, y me va explicando con su lenguaje propio que ya venían a lo lejos “Metchó, Apá y Batá”. Con Tomás en mis brazos, me convierto de repente en un niño, se me olvida la enfermedad, se me olvidan los dolores y veo la imagen de mi padre cogiéndome a mí en brazos en cualquier cabalgata de los años 80, o en aquellas inolvidables visitas de los Magos al Hospital Civil…

Al llegar Gaspar, Tomás y yo ya estamos entregados a la alegría y al éxtasis. “Apááááá, Apáááá”, grita jubiloso alzando su brazo hacia el Rey Mago, exquisitamente vestido. De repente, percibo que este año hay alguien familiar encarnando a Su Majestad: se trata de Pedro Ramírez, el famoso entrenador y cofrade, hermano de mi querida Ana Rosa Ramírez, tía de Lorena (y de Tomás) que falleció tristemente por un cáncer y con la que pude compartir sus últimos meses de una forma intensa y especial… Era la última señal. Sin pensarlo, yo también grito hasta la extenuación a Gaspar, y también a su mujer que estaba en la carroza como paje real. Y al percatarse ambos de nuestra presencia, empezaron a llover caramelos sobre todos nosotros. Caramelos llovidos del cielo, bendecidos por Manuel, por mi padre, por Ana Rosa… cayendo sobre las personas a las que más amo: mi querida familia y mis queridos amigos. No hacía falta más, ahí se congeló el tiempo… ¿Se puede ser más feliz?

Termina la cabalgata con un Tomás exultante en mis brazos, preguntando si quedan más carrozas por pasar. Se lo entrego a Lorena, que sin mediar palabra me dirige una mirada cómplice, pues entiende perfectamente la magia de lo que acaba de suceder. Allí se estaba bien. Pego un suspiro hondo y cierro los ojos para empezar a asimilar lo vivido…

…y cuando abro los ojos, ahí siguen las dos pastillas de quimio. Esperando a ser consumidas. Hoy es 7 de Enero, y aquí estoy, harto… Pero cerrando los ojos me doy cuenta que la vida también me sigue regalando momentos inolvidables cargados de señales: personas que me quieren y a las que quiero. ¿Acaso no es eso, simplemente, vivir? Que nada ni nadie rebaje la intensidad de nuestro amor. Y que Dios siga permitiendo que haya muchísimos más de estos “casuales” encuentros.

Un abrazo. Yo confío. ¡¡¡Vamoooosss!!!

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11 replies »

  1. No te puedes imaginar la alegría que sentí al verte en primera fila viendo la cabalgata muy cerca de mis hijos y mis nietos. Yo me quedé detras con mi nieta pequeña. Un abrazo muy fuerte. VAMOS!!!!!!

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  2. Gracias Gabi. Acabo la homilía del Bautismo y me encuentro con tu escrito. Gracias por saber contarlo como lo cuentas. Ha sido un regalo de Reyes. Abrazos a todos. A todos los he visto juntos ti. Lorenzo

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  3. Hola Gabi! Feliz año!! Celebro que vivieras con tanta alegría la cabalgata y que llegaras a revivir esos años en que la veías de pequeñito con tu padre. A mi me ocurre todos los años, me acuerdo de ir agarrada de la mano de mi padre camino a ver la cabalgata cuando ya se podían oir los tambores a lo lejos… y es mágico como todos nos volvemos nuevamente niños…
    Harto tu? Por supuesto, estás en todo tu derecho… todos tenemos días buenos y otros un poco regulares. Lo bueno es que sigan existiendo innumerables motivos para continuar y exprimir la vida 😘

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  4. Hola Gabi… Pues claro que sí, claro que sólo hay que estar bien atento para escuchar todos los mensajes que nuestro Dios nos pone por delante cada día…
    Recuerdo una canción de Luis Alfredo que se llamaba “Hablar con las paredes”… ¡me encantaba!…

    Justo cuando parece que Dios “no está” y da la impresión de que estás hablando con las paredes… entonces caes en la cuenta de que no es así…

    “Si levanto mis ojos y miro hacia el cielo,
    con un rayo de luz, me iluminas la cara.
    Si en el murmullo del viento me gritas “te amo”
    y con el agua que corre sobre mi piel,
    me acaricias.

    Si me dejas mensajes escritos
    debajo de todas las hojas de los árboles.
    Si no hay valle por más escondido,
    que esté que no tenga una flor,
    que no me huela a ti.”…

    A veces se necesitan esas gafas especiales que ayudan a descubrir mensajes cifrados, pero otras veces sus mensajes son diáfanos,,, y hay que “guardarlos en el corazón” patra recuperarlos en los momentos de “sequía”… EXACTAMENTE COMO LO HAS HECHO TÚ… GRACIAS POR HACERME RECORDAR…

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    • Se ha mandado antes de que terminara de escribir 😓
      Quería decirte que por muy arto que puedas estar algunos días, sigas viendo el mundo de manera tan especial como lo haces, sigas compartiéndolo con nosotros. Que te acuerdes que seguimos aquí, mandándote todo nuestro cariño, todos nuestros ánimos, toda nuestra fuerza, toda nuestra oración!!! Nosotros confiamos!!!! Vamos Gabi!!! 😘😘😘😘😘😘

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  5. Siempre digo que lo más bonito de la Navidad esta en la mirada de los mas pequeños…ellos son los que en estas fechas nos regalan momentos inolvidables, me alegro mucho de que disfrutases de las fiestas y que recopiles como hermoso recuerdo la mirada de tu Gabito y la sonrisa de tu ahijado.Ya sólo por esos momentos la vida merece la pena.

    Y yo creo que todos los que te conocemos de una manera u otra entendemos que existan momentos de hartazgo, a las medicinas, a los médicos , al dolor, a la incomodidad, a sentirse enfermo…..pero piensa siempre con esa mente de ingeniero que tienes y con ese gran corazón que Dios te ha dado que la grandeza de un hombre está en seguir adelante, porque tienes la gran suerte de estar rodeado de personas que te quieren por las que siempre merece la pena esforzarse y luchar.
    Y tu niño, cuando pasen algunos años no se acordará de que no lo has podido coger en brazos, tu hijo pensará que tiene el mejor padre del mundo,una buena persona, generosa con sus afectos y con el coraje de todos los que luchan contra las adversidades, un valiente.
    Vamoosss Gabi¡¡¡¡¡todos confiamos¡¡¡¡¡

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  6. ¡Esperaba con impaciencia tu crónica de la cabalgata de este año!
    Tienes todo el derecho del mundo a estar harto, has vivido y sigues viviendo pruebas que pocos afrontarían con la fe y la fuerza con que lo haces tú.
    Me emociona tu reflexión sobre los niños con cáncer. Creo que nadie puede comprender que sucedan estas cosas siendo cristiano. No te lo había dicho, pero es mi hijo quien se enfrenta a la leucemia, y si yo hubiera sido creyente antes de esto, no sé si mi fe lo habría superado.
    Un abrazo.

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