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…y llegaron de Oriente

Hola amigos,

La mañana se levantó algo brumosa y con viento. Los fenómenos naturales, que habían estado en calma durante las últimas semanas, parecieron despertarse súbitamente para recibir este día tan especial.

Desde hacía días, la ilusión brotaba de lo más profundo de mi ser. La Navidad se ha convertido en una sucesión de planes inesperados, de retos superados y de felicidad generada a nuestro alrededor.

Pero hoy todo es diferente. Al levantarme, me aseaba mirándome al espejo. Y quizá por mi extrema delgadez, veía reflejado a aquel chiquillo que allá por los años 80 iba de la mano de sus padres por el Paseo de Reding rumbo al Parque para ver la cabalgata. Un niño tímido, muy inocente y asustadizo de bullas y ruidos. Pero que sin embargo siempre esperaba con ilusión la llegada de esta cita anual.

Y ese niño-grande, quizá rejuvenecido en espíritu por las células salvadoras que le hicieron renacer hace casi 5 meses, se vistió con el pulso acelerado. Salió de casa apresurado, de la mano de su familia, a pesar del tiempo tan nefasto que nos esperaba con vient0s racheados  y lluvias intermitentes. Y se apostó en el lugar de siempre, listo para su mágico reencuentro…

Las carrozas fueron pasando una tras otras. Los pasacalles y las bandas ponían la nota de color y ritmo. Él simplemente tenía ojos para los niños. Gabito, con esa cara de mitad incredulidad ante lo que estaba viendo, mitad ilusión por cada escena que visualizaba. Marta, que apenas podía distinguir nada entre tanto bullicio, pero que ya se mueve como nadie a la hora de recoger caramelos del suelo. Y Elena, que aun sabiendo la supuesta verdad no ha perdido ni un ápice de la ilusión por este día. Porque, a todo esto, ¿y qué parte es la verdad y cuál ficción? Realmente nosotros decidimos en qué creer y en qué poner la ilusión…

Luego el niño-grande se fijaba en el resto de los niños… Sus caras. Sus gritos. Sus brazos extendidos al cielo. La velocidad de sus movimientos para barrer hasta la última golosina… Y las caras sonrientes de los padres, algunos de ellos agotados de aguantarlos en brazos durante largos minutos.

Allí estaba yo, el niño-grande. Hoy más niño que nunca. Y en medio de todo este barullo, a lo lejos, apareció finalmente. Estandarte con una M grande bordada sobre terciopelo azul. Cofre con una representación dorada de su ofrenda al Niño Dios. Grupo de danzarines acólitos, perfectamente uniformados, bailando al ritmo de los tambores y escoltando a una brillante y luminosa carroza. Y encima de la misma, estaba él. Mi Rey Mago favorito. Melchor.

Al niño-grande se le esbozó primero una gran sonrisa. Conforme se acercaba, pensaba en lo efímero del tiempo, en lo rápido que pasa un año hasta la siguiente cita, en todo lo que a la vez puede ocurrir dentro de ese periodo, y en que todos los años el encuentro con el Rey Mago parece igual pero en realidad es único y diferente…. Y con toda la ilusión, el niño-grande estiró sus brazos y se arrancó a gritar como el resto de los niños de alrededor. ¡¡¡Melchoooor, aquiiiiiii!!!

Aquí… El niño-grande no buscaba en realidad que le tirasen caramelos. Gritaba de pura alegría, de rabia, de satisfacción. De repente, la carroza se detuvo, y el Rey Melchor fijó su mirada en aquel niño-grande, quizá porque sobresalía en altura sobre el resto… Y el niño comenzó a hablarle:

Melchor, sí, aquí, aquí me tienes, fiel a mi cita contigo. Sabes bien que ha sido este año más complicado de lo normal llegar a mi sitio del principio del Parque. Probablemente incluso desaconsejable estar a pie firme con este viento y la lluvia. Pero lo he conseguido. Y me basta con volver a verte, un año más. Y ver cómo mi familia disfruta con la Cabalgata. Este año no te he escrito carta, porque de pequeño me enseñaron que, si no pides nada, dejas a la sabiduría de los Magos elegir el regalo más conveniente. Melchor, yo sé que tú sabes bien lo que más necesito ahora… te estaré eternamente agradecido por ese regalo especial de este año. Nos veremos en 2017 en nuestra cita del Parque… aquí.

La carroza arrancó de nuevo. Lluvia de caramelos, gritos, risas, aplausos al Rey que acababa de pasar… Y el niño-grande lo veía alejarse mientras dos caños de lágrimas recorrían sus mejillas y de su corazón brotaban las últimas palabras: Gracias, Melchor, por mantener viva la ilusión.

Un abrazo hermanos. Feliz 2016 a todos. Yo confío ilusionado. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

Imágenes cortesía de La Opinión de Málaga

 

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12 replies »

  1. Como siempre,haces que me emocione leyéndote!! Gracias a ti estoy viendo y sintiendo todo lo que relatas con más intensidad!!
    Cuidate mucho y sigue viviendo de esa manera cada segundo.. Disfruta de todo lo que te rodea y sobre todo de tu familia 😉
    Besos 😘 😘

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  2. Gabi..qué ternura me dió ayer cuando leí tus palabras. Yo este año no he ido a la cabalgata pero te doy las gracias de corazón porque atraves de tus ojos me hiciste sentir que estaba alli. Estoy segura que se verán cumplidos tus deseos. Yo Confío. Un beso enorme con toda mi alma.

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  3. !!! Qué alegría que hayas ido a la cabalgata!!!
    Gracias por compartir tantos sentimientos.
    Aquello que decías de “si quieres puedes curarme” coincide también con el Evangelio de hoy y pronto obtendrás la respuesta “quiero queda limpio”.
    Porque somos muchos los que confiamos en la fuerza de la oración.
    Un abrazo muy fuerte para Reme y para ti

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  4. Qué valiente!!! Yo estaba en Torre del Mar y con la tarde fría y húmeda me dio pena sacar al enano!!! Tenía tanta ilusión por llevarlo, qué lástima!!! Por eso te digo lo de valiente porque aquí una petardilla se rajó 🙂
    A mí me encanta ir a ver la cabalgata, y volvió mi ilusión cuando llevamos a mi sobrina pequeña, y ahora mis 3 tesoritos chicos (mis sobris y mi gordito) me dan la vida al verlos sonreír!!!! Partidos de risa acabamos hace unos días al intentar hacerles fotos a los 3 vestidos de pastorcillos…. No había forma!!!!!
    Espero que al niño grande del que hablas no hubiera que cogerlo en brazos!!
    Vamos Gabi! En un añito estarás delante de Melchor dando las gracias por un año fantástico! Un súper abrazo!

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  5. Gabi, me dejas sin palabras, eres un ejemplo a seguir. Me alegra mogollón aunque el tiempo era tremendo que salieras a disfrutar con tus pitufos y tu reina de la cabalgata. Eres genial sigue con ese espíritu tan hermoso de niño grande. Este año verás como todo marchara viento en popa y a toda vela. Muchos besotes para ti y toda tu gran familia.
    ¡Änimo, sigue así eres un fenómeno!

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